La piromanía

La pirómania

Los montes en Canarias son espacios muy vinculados a la calidad de vida, al disfrute, a escuchar a otros seres vivos y relacionarnos desde el presente y la sencillez con la existencia, además de permitirnos algo fundamental como respirar y filtrar sustancias tóxicas que generamos con otras actividades. Suponen también una fuente económica directa por medio del atractivo que suponen para el turismo. No es de extrañar que las pérdidas de los montes sean verdaderos lutos para la población, y que se viva con pánico el descontrol de los incendios, que por el cambio climático y sus altas temperaturas, resultaron incontrolables durante días.

En este verano, en el que tantas áreas del planeta están ardiendo por el fuego, pensamos en la palabra pirómano, pese a que sólo un 1 por ciento de todos los in cendios son causados por pirómanos. Lamentablemente, intereses económicos y negligencias son mucho más frecuentes para terminar con la vi da de nuestros montes e, indirectamente, con las nuestras.

Pero, ¿qué es la piromanía? Es un trastorno del control de los impulsos, cuyo principal reto es que la persona pida ayuda, ya que le produce placer prender fuego y suele alejar de su mente todas las consecuencias nefastas que producen sus actos.

La Terapia de Aceptación y Compromiso va a tratar la falta de control de los impulsos con intervenciones que van a ir generando una mayor perspectiva y un mayor autocontrol sobre los de seos de quemar.

Pero también estos actos alivian vacíos, frustraciones. El perfil de una persona que disfruta quemando es el de alguien con bajo rendimiento académico, laboral, que ha ido acumulando malos sabores, baja sensación de eficacia, de capacidad. De repente, prender fuego es hacer algo grande, escuchar cómo la gente habla del incendio hincha a esa persona frágil. Por fin hace algo que deja huella. Esta persona muchas veces se esconde participando en labores de ayuda en el incendio. Por tan to, una persona pirómana va a necesitar entrenamiento para aprender a llevar sus emociones, a actuar de forma más flexible en relación a lo que desea y lo que es posible; a comunicarse con los demás de forma efectiva para mejorar sus relaciones y disminuir el aislamiento social; y para aumentar su nivel de actividad para que pueda conseguir mayores logros y, por tanto, aumente su satisfacción general.

¿Cómo podemos prevenir la piromanía? Desde tiempos inmemoriales la humanidad ha celebrado, y ha llorado, al rededor del fuego. No obstante, con las condiciones actuales de emergencia climática del planeta todas las conductas que implican usar el fuego como forma de celebrar deben ser repensadas pues exponen a personas jóvenes a experiencias placenteras con el fuego que, a me dida que avanza en edad, realiza de forma autónoma, sin adultos que puedan hacerle notar las consecuencias que también trae el fuego.

Los padres deben estar atentos para conocer si sus hijos juegan con fuego.
Deben frenarles y explicar los peligros de esa conducta. Si inicia un fuego por cuenta propia, aléjalo de él, no sólo por seguridad, sino para que no pueda tener la experiencia placentera de contemplar cómo crece.

Si vives con alguien que ha producido un incendio, por pequeño que sea, trata de hacerle notar esa tensión inicial que le llevó a hacerlo, y qué conducta alternativa se podría realizar en lugar de prender fuego. Y hazle notar que no se pueden provocar incendios.


Se claro y tajante sobre el peligro

La piromanía se diferencia de los accidentes, ya que en estos no existe el impulso de incendiar. También de la simulación, donde se provoca el incendio para conseguir otros beneficios económicos.

Lamentablemente, las modificaciones de la Ley de Suelo han reforzado ese tipo de conductas por parte de aquellos que solo piensan en el dinero. También diferenciamos la piromanía del trastorno disocial, en el que se pueden realizar múltiples acciones destructivas y ésta puede ser una más.

Además, no existe el impulso incontrolado ni la sensación de agrado ante el fuego. Y lo diferenciamos, asimismo, del trastorno antisocial de la personalidad, que puede buscar explotar a otros en beneficio propio, resultando crueles en múl tiples relaciones y áreas.

En definitiva, necesitamos involucrarnos a todos los niveles, desde la prevención en la familia, los centros educativos o la ayuda entre pares, para que la conducta pirómana disminuya. Es necesario para que aumente el cuidado de nuestro frágil planeta, necesitado de toda la bondad y esfuerzo individual y colectivo a nuestro alcance.

También tenemos la posibilidad de implicarnos políticamente para aumentar las medidas de vigilancia y prevención, para que no suframos de nuevo estos incendios descontrolados que tanto sufrimiento provocan a corto y largo plazo a la población, a nuestro paisaje y naturaleza, y a todo el planeta.

Podemos, como sociedad, tener una visión compasiva, pero firme a la vez, pidiendo a las personas que sufren este trastorno que se asesoren con profesionales de la Psicología para recibir trata miento. También invirtiendo en la prevención del trastorno, y haciendo el ejercicio personal y valiente de preguntarme si siento impulsos de quemar que me generan placer. Este sería el primer paso para buscar ayuda, y que las consecuencias del fuego no te abrasen a ti, al entorno y a nuestro hermoso y delicado planeta.

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